carnaval de san miguel en vivo

Mi padre, mi hermana, el carnaval y yo

Extraño resulta para muchos el carácter del miguelense. Si, mientras en el resto del país sucedían inundaciones en el bajo Lempa; se terminaba un periodo de grandes epidemias: Tuberculosis, tifoidea, sarampión, poliomielitis, tosferina como resultado del terremoto de 1951; pasando por el incendio de la Catedral Metropolitana en 1958, hasta terminar con la situación política inestable, donde los regímenes militares se continuaban unos a otros y la pena de muerte era parte de la agenda diaria; San Miguel vivía su época de oro. Por paradójico que nos resulte a este tiempo se le conoció como de “modernismo” y de “infraestructura”.

Así, en este contexto nacional mi padre: Manuel Inés Aguilar que había llegado a San Miguel en el año de 1936 como administrador del Teatro Nacional, ayudó junto con otro grupo de migueleños al Dr. Miguel Charláix a crear el carnaval novembrino de San Miguel.

Mi padre que fue administrador del Casino Migueleño fue llamado para participar por el Doctor Charlaix como vocal de aquel primer comité organizador de los festejos patronales en 1959. Miembro de las comisiones de diversiones populares, de carnaval y desfile, disfrutaba con la ornamentación de la única calle pavimentada (4ª Calle) de la época. Esta se adornaba con motivos alegóricos al nombre que había recibido el carnaval y pretendía hacer pensar al transeúnte que estaba en uno.

Mi padre que esto lo venía realizando con motivo de las películas que exhibía en el Teatro Nacional no podía menos que ver realizado su sueño de ver a San Miguel como una gran película viva y en vivo así como a la vez ser parte de ese filme surrealista que se me antoja era el carnaval de los primeros años.

Siendo extranjero encontró una forma de hacerse migueleño formando parte de lo que con el devenir de los años fue una re significación de la identidad migueleña y es hoy la fiesta nacional de El Salvador.

Mi padre abandonó el comité de festejos para ser tesorero del club deportivo Dragón. En casa esto del carnaval no volvió a ser motivo de agitación domestica hasta 1980. Año también en que el sacerdote que llegaba al restaurante de mi familia a beber espumosos y había bautizado a mi hermana fue asesinado absurdamente el 24 de marzo, pues esa misma niña -mi hermana- era elegida reina del carnaval dedicado a: La Juventud y la Esperanza. Comenzaba la guerra civil del país.

Mi hermana representó a la colonia Chaparrastique, uno de los primeros y populosos centros urbanos de la ciudad. Era la primera vez que “la Chaparrastique” ganaba un reinado. Mi hermana se marchó a estudiar y trabajar a San Francisco y ahora esta ex reina vive y trabaja como ejecutiva de Texaco-Chevron en el estado de Kentucky.

Tenía diez años para ese entonces y acompañé en la carroza a mi hermana, como paje de la reina, me sentía entusiasmado con la idea. A veces reflexiono que fue desde esa fecha probablemente en que me surgió la paranoia de que la gente me observa.

Pero yo desafortunadamente no me quedé en esa edad, de la primera comunión y de indito de las entradas de Septiembre. No, crecí y para 1990 forme parte de comité de festejos organizador del carnaval “Héroes de Oriente” en las comisiones de escoger al jurado que elegiría a la reina del carnaval, y de la contratación de orquestas; junto a Jorge Medrano, Carlos Morales y Alirio Mena, ese año no solo instalamos a las mejores orquestas del país en las calles, sino que se introdujo el concepto de monumentalidad y espectacularidad al colocar 50 orquestas por toda la ciudad, esto ha sido vital para el engrandecimiento del carnaval debido a que con el tiempo el carnaval es un gran fiesta dentro del imaginario nacional.

Este año fui llamado como jurado para elegir el nombre del carnaval numero 51. Ya el 2008 la comisión de cultura del concejo municipal develó una placa conmemorativa en el estadio que lleva el nombre del padre del carnaval, y que contiene el de aquellas primeras gentes que creyeron en la terquedad del Dr. Charlaix de sacar las fiestas de los centros privados e instalarlas en las calles; dándoles una fiesta a las gentes que desde los balcones del casino observaban como unos privilegiados bailaban las fiestas de noviembre. Quizá no fue esta una gran revolución para las masas, pero en aquel momento por semejante idea no faltó quien acusara al doctor Charlaix de comunista y libertino.

Mientras viví en Italia, asistí a sus carnavales de antes del Miércoles de ceniza, para mi sorpresa se escucha y baila música Latinoamericana, de estos carnavales me gustó sus disfraces, mucho y sus degustación gratis de comida y vino casero del que confieso me excedí; pero el nuestro, -recordaba, yo-  esa noche, es el día en que San Miguel desde muy temprano, se prepara para levantar su rostro, su otro rostro, el rostro oculto, el que solo en noches de carnaval viste las calles.

Comparto con ustedes la nomina de aquellas gentes fundadoras del carnaval novembrino de San Miguel, de las cuales solo tres viven aun:

-         Miguel Félix Charlaix (RIP) Gobernador Político Departamental y Presidente del Comité de Festejos de 1959
-         Leticia Portillo de Hernández (RIP) Alcaldesa Municipal de San Miguel y Vice presidenta del Comité de Festejos
-         Ernesto Enrique Schaeuffer (RIP) Tesorero
-         Cayetano Bettaglio Pro tesorero
-         Francisco Arturo Trejo (RIP) Secretario
-         Ulises Calderón (RIP) Pro Secretario
-         Carlos Ernesto Moreno (RIP) Sindico
-         Salvador Guerra Hércules (RIP) Primer Vocal
-         Samuel Quiroz Segundo Vocal
-         Coronel Manuel Serpas Cabrales (RIP) Tercer Vocal
-         Enrique Zoller (RIP) Cuarto Vocal
-         Alonso Ventura Perla Quinto Vocal
-         Manuel Inés Aguilar (RIP) Sexto Vocal

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